miércoles, 28 de septiembre de 2011

Esto me lo tienes que valorar en ........ €




Parece que algunos siguen sin entender cuál es la función del tasador. Hace unos días, fui a valorar una vivienda adosada con jardín, de pocos años de antigüedad, en buen estado, soleada, en una población cercana a Barcelona. En principio, y aún teniendo en cuenta el estado actual del mercado inmobiliario no parecía un caso problemático. La cuestión es que al recibirme el hermano del propietario, después de darme los buenos días, me soltó de buenas a primeras (textual): "Me ha dicho mi hermano que tienes que tasar la casa en 700.000 €". Naturalmente puse cara de póquer, por razones evidentes, ya que los tasadores tenemos "prohibido" comentar el valor de los inmuebles que tasamos con la propiedad, entre otras cosas porque hasta que no se realizan todas las comprobaciones y el correspondiente estudio de mercado, no podemos estar seguros del valor final de la tasación; incluso después de terminado el trabajo estamos a expensas del departamento de validación, que podría tener un criterio distinto del nuestro o una base de datos más ajustada que nos podría hacer reconsiderar el valor.
Lo cierto es que la casa se valoró en alrededor de 500.000€, por lo que intuyo el estado de cabreo del propietario.
A raíz de este incidente, más habitual de lo que pueda parecer, se suscitan varias reflexiones:
¿En qué piensa esta persona que consiste mi trabajo? ¿Por qué cree que me desplazo hasta su casa, realizo un croquis para comprobar la superficie, realizo un estudio de mercado y cobro unos honorarios por ello, si el trabajo ya me lo ha hecho él?
El hecho es que yo trabajo para una empresa de tasaciones que a su vez trabaja para las entidades bancarias estableciendo el valor de los inmuebles según estrictos criterios normativos. Y ese valor es básico en el proceso de concesión de las hipotecas, pero no es un valor arbitrario a gusto del consumidor, sinó un límite de garantía que el prestamista debería tener muy en cuenta a la hora de prestar dinero a sus clientes. Otra cosa, es el uso que la entidad bancaria haga de ese valor; o sea, a partir de aquí, termina mi trabajo y la entidad bancaria puede hacer con ese valor lo que le venga en gana. Pero mi trabajo es el que es, y la actitud de esta persona la sentí como una falta de respeto hacia mí.
Lo cierto es que no es la primera vez que me ocurre, pero nunca de forma tan flagrante.

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