lunes, 27 de septiembre de 2010

Mi estilo


Algunos clientes me preguntan cuál es mi estilo, cómo son mis proyectos; es decir, si utilizo obra vista, cubierta inclinada o plana, moderno o clásico, o si me parezco a tal o cual arquitecto.
Bien, la respuesta es sencilla y a la vez compleja. Es decir, diría que no tengo un estilo definido, en el sentido de mediatizar los proyectos desde el inicio con una serie de tics, o materiales, o esquemas predefinidos, etc, si ello se entiende en sentido positivo. Mi manera de proyectar tiene mucho que ver con mi forma de entender la arquitectura. Mi trabajo va dirigido a las necesidades de las personas, no a un mercado invisible que aceptará cualquier cosa que se le proponga; trato de saber qué es lo que el cliente desea, antes de empezar a dibujar. Desde mi punto de vista, los materiales a emplear surgen por sí mismos durante el desarrollo del proyecto, para adaptarse a las distintas necesidades y preexistencias. De ahí que cada proyecto sea distinto. Unos proyectos demandan un desarrollo en una sola planta, otros requieren elevarse para mejorar las vistas o por imposición de la pendiente del terreno; en otros casos optamos por cubiertas planas para aumentar la superficie aprovechable si el terreno es muy pequeño; la orientación de las fachadas requerirá unas veces ventanales amplios para aprovechar la insolación, o pocas y reducidas aberturas si no es fasvorable.


En definitiva, el estilo no es un dato de partida, sino el resultado del buen desarrollo del proyecto. Será tanto mejor cuanto más contento quede el cliente no solo con el proyecto, sinó con el funcionamiento de la vivienda a lo largo de las diferentes estaciones del año y sus prestaciones en cuanto a sostenibilidad.

viernes, 17 de septiembre de 2010

LA CASA NATURAL

(publicado en la
revista ATHANOR, en 1.999)

La vivienda en general, y los diversos componentes que la equipan, en particular, nos distancian progresivamente de la naturaleza. Esta frase encierra únicamente la descripción de un hecho; no implica ningún tipo de connotación despectiva o negativa hacia la necesidad humana de protegerse de la naturaleza.

El cuerpo humano (sobre)vive bajo unas ciertas condiciones climáticas, cuyos límites, aunque pueda parecer lo contrario, son bastante amplios y que normalmente esquematizamos en el llamado ábaco psicrométrico*. Sin embargo, existe una zona relativamente reducida de ese diagrama donde nos encontramos a gusto, sin necesidad de modificar las condiciones de temperatura y/o humedad. Cuando las condiciones climáticas particulares, se salen de esa zona, recurrimos a algún medio artificial (energético) o natural (no energético) para recobrar el confort. Existen múltiples sistemas naturales para devolver a la zona de confort las condiciones de la mayor parte de ese diagrama, siempre y cuando el proyecto venga precedido o acompañado de una profunda reflexión de las particularidades del clima local, y de una correcta aplicación y diseño de esos sistemas de control climático natural.

El desarrollo de la técnica pone a nuestro alcance diversos sistemas energéticos, o instrumentos de corrección y control climático, de un manejo relativamente sencillo y que únicamente hay que conectar a una toma de corriente, de agua o de gas. Colocamos uno o varios termostatos estratégicamente y con un sencillo panel de control o mando a distancia, podemos olvidarnos de las condiciones exteriores. Hemos creado un clima artificial en nuestro espacio habitable, completamente indiferente al clima y al entorno.

Ya no hace falta abrir o cerrar ventanas, contraventanas o cortinas, para caldear la casa o crear corrientes de aire que la refresquen, ya no hace falta salir al exterior para saber qué tiempo hace y actuar en consecuencia. Ahora podemos crear nuestro propio microclima, independientemente del entorno natural, es decir, sin contar con él, sin necesidad de aprovechar los recursos que nos ofrece.

Sin embargo, esos instrumentos consumen mucha más energía de la necesaria; una casa hermética, excesivamente aislada, no transpira, no ventila lo suficiente y por lo tanto el aire en el interior es más insano que en el exterior, incluso en plena ciudad; los aparatos eléctricos producen campos electromagnéticos que afectan directamente a nuestra salud, pudiendo causar graves enfermedades; la gran mayoría de los productos sintéticos, como barnices, pinturas, revestimientos plásticos, etc, emiten compuestos tóxicos que también pueden afectar a nuestra salud, ya que tienen un efecto acumulativo; esos mismos materiales no son reutilizables ni reciclables y su producción y eliminación comportan serios problemas medioambientales.

A pesar de que todos esos defectos podemos encontrarlos sin grandes dificultades en muchas de las viviendas actuales, incluso en las llamadas “de alto standing”, no por ello hemos de renunciar a una casa natural. Para ello caben dos alternativas: la una es recurrir a alguna de las promociones de viviendas “ecológicas” que empiezan a aparecer en el mercado inmobiliario, y analizarla en profundidad para comprobar la adecuación de su denominación con lo que nosotros entendemos por casa “ecológica”. La otra consiste en ponerse en contacto con un estudio de arquitectura bioclimática (que tampoco abundan) y solicitar un proyecto a la medida de nuestras necesidades y que no se salga de nuestro presupuesto. Con esta segunda opción, controlaremos todo el proceso de creación de nuestra casa, a la distancia que elijamos de la naturaleza, sin renunciar al confort que todos exigimos, y por descontado sin gastarnos más dinero; incluso a la larga, nos saldrá más económica por el ahorro energético que conlleva un buen diseño bioclimático.

Desde los refugios improvisados con pieles de animales o ramas de árboles, hasta las viviendas inteligentes, de última generación, media un abismo en el que se han ido introduciendo mejoras en la calidad de vida de los usuarios. De hecho, el concepto que nos empuja a mejorar nuestro hogar, sigue siendo el mismo, después de miles de años de experimentación: protegernos de la naturaleza.

No hay una gran diferencia conceptual entre meternos en una cueva cuando aprieta el sol y el empleo de un mando a distancia que controla persianas, aire acondicionado, ventiladores, etc, o incluso la automatización total de la vivienda. Entre estos dos ejemplos límite, sin embargo, existe un amplísimo abanico de posibilidades para una vivienda más o menos confortable. Cuanto más nos alejemos del primer límite, más fácilmente podemos perder el nexo con el entorno natural.

Pero eso no quiere decir que una casa natural (o ecológica, sostenible, bioclimática, o como queramos llamarla o definirla), deba consistir en una cueva natural sin más. Entre esos límites que acabamos de definir, podemos marcar otros sublímites en que movernos, partiendo de la vivienda que ofrece el mercado inmobiliario, (que es donde en principio nos moveremos, si queremos acceder a una vivienda) y dentro de ellos podemos conseguir una casa más o menos natural, dependiendo de nuestro propio grado de exigencia.

Hasta hace unos cincuenta años, el ámbito de la construcción de viviendas se regía por criterios de disponibilidad de materiales en las cercanías y por la confianza en las soluciones constructivas tradicionales que se habían ido perfeccionando a lo largo del tiempo. Existían muy pocos materiales para la construcción: piedra, tierra, yeso, cal, madera, cerámica, y pocos más. La combinación adecuada de esos materiales resolvía con elegancia y economía de medios todas las exigencias de calidad de una vivienda media. Pero la vida moderna ha elevado considerablemente el nivel esas exigencias, lo que ha empujado a la industria de la construcción a la creación y desarrollo de nuevas técnicas y materiales para cubrirlas adecuadamente.

De un tiempo a esta parte, sin embargo, el proceso constructivo se ha empobrecido mucho, debido a la generalización de soluciones constructivas que emplean materiales prefabricados, sea cual sea el clima del lugar. Existen ahora cientos de materiales nuevos, especializados cada uno de ellos en una función diferente.

En este proceso hemos dado un salto cualitativo importante, en cuanto a que los materiales prefabricados permiten un mayor control de su calidad y de su uniformidad y algunos de ellos permiten creaciones insospechadas en otras épocas.

Sin embargo, el empleo de materiales de calidad, no significa que obtengamos una construcción de calidad. En el diseño de una vivienda, por sencilla que sea, intervienen múltiples factores a tener en cuenta, que la construcción tradicional había ido solucionando generación a generación. En el momento en que aparecen nuevos materiales y técnicas constructivas, éstas deben emplearse con precaución y bajo la atenta mirada y la reflexión de un experto que sea capaz de seleccionar aquellas técnicas o materiales adecuados, de entre los que ofrece el mercado, y conjuntarlos, sin perder las cualidades de esa vivienda tradicional, que con muchos menos materiales era capaz de proporcionar entornos agradables, saludables, confortables y sostenibles con un gasto moderado de energía y adaptados a su entorno sin dificultad.

Los materiales que se emplean provienen en su mayoría de la naturaleza, pero siempre sufren algún tipo de transformación hasta llegar a su colocación en obra. Hasta el punto de existir algunos materiales sintéticos, creados en laboratorio, que nada tienen que ver con la naturaleza. Incluso la construcción tradicional, transformaba en mayor o menor grado los materiales naturales que utilizaba; por ello, no debemos ser excesivamente puristas a la hora de obtener una vivienda natural, ya que podríamos caer en la trampa de volver a la cueva.

Sin embargo, no debemos despreciar los avances de la técnica para mejorar nuestro hábitat, siempre y cuando, su empleo no comprometa la salud de los ocupantes y las personas que trabajan con ellos, y no hipoteque los recursos naturales no renovables. La información es la clave para no perderse en ese maremágnum de técnicas y materiales con etiquetas ecológicas, muchos de ellos sin duda válidos, pero que requieren un análisis de su adecuación a cada caso particular y que sólo un experto arquitecto puede realizar.



* El ábaco psicrométrico consiste en una gráfica que relaciona temperatura ambiente seca, humedad relativa del aire y vapor de agua contenido en el aire. A través de estudios estadísticos, se determina una zona llamada de confort, en la que un porcentaje significativo de la población manifiesta encontrarse a gusto. Es un instrumento imprescindible para el estudio de la arquitectura bioclimática.

Alfredo García / Ascensión Monedero