miércoles, 2 de junio de 2010

La figura del tasador de inmuebles.
Desde hace unos días he estado leyendo en algunos blogs cometarios sobre la figura del tasador. Unos muy negativos, otros más favorables. Por un lado hay quien añora los viejos tiempos, en los que el tasador era recibido con todos los honores para facilitarle el trabajo y darle una buena impresión, con la casa limpia y recogida, y un café en la mesa. Se consideraba al tasador como una pieza importante en el proceso de obtención de una hipoteca, ya que las hipotecas se basan en el valor de la tasación, se trataba de mostrar todos los aspectos favorables de la vivienda y se procuraba "caer bien" al tasador. Además, se consideraba importante su opinión, puesto que nos daba una idea del valor real del piso. Hoy en día, sin embargo, el tasador se ha convertido en un elemento molesto, totalmente desprestigiado, a quien hay que explicarle cuánto nos ha costado el piso para que nos lo valore un 30% más y que el banco nos dé la hipoteca. Si es necesario, se le miente descaradamente diciéndole que "la semana pasada se vendió un piso igualito que el nuestro por x miles de euros", se le persigue durante la visita para que acabe cuanto antes y se le dicen los metros que tendrá el piso, así a ojo de buen cubero, que no hece falta medirlo, porque ya lo pone en la escritura.
Como siempre digo, la virtud está en el término medio (creo que también lo dijo Aristóteles antes que yo). Así que yo no espero que me reciban con ofrendas, pero tampoco que me echen a patadas (en sentido figurado, claro, nunca hasta ahora me han echado a patadas de ningún sitio). Una de las posibles causas de este desprestigio es la reciente época de expansión inmobiliaria sin límite donde todo valía. Los inmuebles se compraban a precios cada vez mayores sin valorar si realmente valían lo que se pagaba por ellos; el único análisis era "si no puedo pagarlo, lo vendo con una revalorización importante que me cubre las espaldas". Así ha sido durante unos años, donde el más pintado compraba sobre plano una casita en la playa, de la que sólo pagaba una entrada y antes de edificarse ya la había vendido un 30% más cara. Las valoraciones, muchas veces tenían en cuenta esa revalorización prevista y por tanto, las tasaciones se acercaban al valor de compra real. Sin embargo, del mismo modo, cuando el mercado empezó a dar síntomas de agotamiento, según mi experiencia ya en el año 2.006, las tasaciones deberían haber considerado (nosotros así lo hicimos) esa "revalorización", ahora en sentido negativo, con lo que el valor de tasación empezó a caer respecto al precio de compra. Ese desfase, como es lógico, es muy variable de unas zonas a otras, pero con el paso de los meses se ha agrandado de forma importante. Por eso creo que los agentes intervinientes en el proceso de compraventa deberían tener en cuenta los valores de tasación, y tomarlos como referencia en las próximas transacciones, en lugar de despotricar contra el tasador y buscar una nueva tasación más "conveniente".